Por Iñaki Arriaga

Desde su primer episodio Lena Dunham (creadora, protagonista, guionista y directora) nos decía por boca de su Hannah Horvath que ella creía ser “la voz de su generación” o al menos “una voz de una generación”. La gente obvió que su personaje se encontraba en pleno viaje de opiáceos y se lo tomó al pie de la letra. Pero es que entre la broma y la honestidad Girls conseguía reflejar a un grupo de privilegiadas amigas en Nueva York que luchaban por encontrar el sentido de su existencia. Un reflejo a veces frustrante de las cualidades más egoístas, egocéntricas y al mismo tiempo identificables.

La gracia innata de su creadora se fue puliendo con el paso del tiempo y elevando su trabajo de obra autorreferencial a una dramedia mucho más ambiciosa. Parte de esta evolución se debe a colaboradoras fieles como Jenni Konner que como segunda al mando ayudó a perfilar los puntos fuertes de la serie. Si se trata de un caso de genialidad accidental o del nacimiento de una nueva voz ¿generacional? solo lo descubriremos con el tiempo.

El carácter millenialista de Girls puede que crispara los nervios de muchos espectadores pero al mismo tiempo creó escuela y generó una nueva ola de comedias antipáticas: You’re the Worst, Casual, Please Like Me, Transparent… En todas estas series sus protagonistas no se ven encorsetados por cánones de buena conducta y las cualidades despreciables permiten acercarse a ellos desde la más hiriente honestidad. No te gustará lo que ves en pantalla pero costará no verse reflejado. Esta actitud provocadora de Dunham agitará las conciencias más conservadoras con sus numerosos y desinhibidos desnudos. Estas escenas que de tratarse de cuerpos normativos no hubiesen llamado la atención, en manos de Lena se alzaban protagonizando titulares.

A nivel actoral la serie encontraba en su coralidad una gran baza. Grandes actores descubiertos en la serie (Adam Driver, Allison Williams), secundarios infalibles (Alex Karpovsky, Becky Ann Baker, Gaby Hoffmann) y un amplio plantel de caras reconocibles en el microcosmos cultural de Nueva York. A lo largo de seis temporadas Hannah, Marnie, Jessa y Shoshanna se embarcaban en un viaje de realización personal, social y afectiva que las llevaba a deconstruir sus realidades en numerosas ocasiones. Parece que al final una generación encontró su voz en la serie.

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