Hay series desconcertantes, hay series turbadoras y luego está Flowers que, dicho sea de paso, le sienta como un guante a Channel 4, tan abierta siempre a posibles excentricidades autorales. Esta creación del joven Will Sharpe (quien también interpreta un extraño papel) parece el resultado de una noche de insomnio producida por un empacho de fish & chips con posterior maratón de Twin Peaks y de las tres temporadas de The League of Gentlemen. Y aunque la mezcla parece discreta y equilibrada, es todo un engaño. En realidad esta especie de comedia negroide que combina drama descarriado, terror (el inicio del quinto episodio es alucinante), turbulencias familiares y costumbrismo de campiña inglesa lo pone a uno patas arriba sin que se dé cuenta. Es subversiva, pero lo es desde un cierto orden y concierto: el disparate va creciendo poco a poco y por debajo de las hechuras dramáticas, y las formas son más o menos contenidas y sosegadas. Aquí no hay estridencias, sólo mierda subterránea y alguna flor ocasional entre los escombros, especialmente en forma de un final donde sí llegan a cristalizar las emociones. Pero en general todo muy oscuro. Como si de un Mike Leigh sociópata se tratara. Y todo tiene un aire de pintoresco retrato suspendido en un tiempo ideal, indefinido. Wes Anderson habiéndose olvidado de tomar los antidepresivos. ¿El argumento? Bueno, eso es un poco lo de menos. Lo que importa es infiltrarse en esta familia disfuncional donde todos y cada uno de sus miembros (incluido el asistente japonés aficionado a pintar superhéroes de enormes pollas) parecen desconectados de los otros, sumidos en sus propios problemas de identidad, en sus prejuicios, en sus filofascismos o, en general, en sus repugnantes mentiras. Flowers se encuadra dentro de esa corriente de comedias negras que a menudo nos hacen dudar de su propia condición de comedia. Y engancha a pesar de que, o precisamente gracias a que, a menudo sus planteamientos son extravagantes y a ratos casi difíciles de decodificar, de comprender las intenciones reales que les dan sentido. Oh, y tiene a Olivia Colman, que siempre da un plus de calidad al asunto. Debería dar que hablar entre los pescadores de rarezas para su posible cultificación.