A pesar de su innegable condición de autor completo (y tan completo), a David Rubín suelen sentarle de maravilla las colaboraciones. Y no es este su primer salto de charco (si no voy errado el anterior lo reunió con el muy afín Paul Pope), pero casi que lo ha situado en el mejor combo posible: a Matt Kindt le conocemos algunas cosas, especialmente las de su cara más mainstream, un poco cuestionables, pero salvo esas excepciones es uno de los autores más capaces del panorama semiindie norteamericano. También uno de los más estimulantes. Y este Ether deja buena constancia de ello. Desde un formato de historia de ciencia-ficción pura, Kindt y Rubín narran la peripecia de Boone Dias, una especie de agente transdimensional que ejerce de lastimoso guiñapo en esta nuestra realidad, pero que encarna el papel de una suerte de detective de acción en el Ether, un reino mágico situado en los límites del mundo racional que conocemos y habitamos. Ahí Dias investiga casos cuya resolución parece a menudo dictada por la magia… pero que siempre terminan escondiendo una explicación racional, una lógica científica. Es esta una historia, en fin, divertida y emocionante, con capacidad de enganche y profundo trabajo en la construcción de un mundo propio y de una narrativa basada en la sorpresa y el giro de guión. Claro que sí, pero donde brilla de verdad Ether es en su narrativa secuenciada. Rubín desarrolla planificaciones muy orgánicas, articula un gran diseño de personajes, una atractiva descripción de los paisajes y una poderosa creación de ambientes. El dibujante está espléndido, como siempre, acaso un poco menos rotundo que en sus últimas demostraciones de músculo. Se entiende: Ether busca una mayor agilidad narrativa que El héroe o Beowulf. Y el resultado logra un perfecto equilibrio entre las reflexiones sobre cuestiones de mayor espesura dramática y una agradable ligereza -hay además de aventura y trama detectivesca mucho humor en estas páginas-. Construyendo un terreno donde el guión de Kindt y el dibujo de Rubín se complementan fantásticamente, encontrándose en ese lugar común a ambos de magia y ciencia loca, de psicodelia ácida y de acción cinética en technicolor. Muy divertido, enormemente excitante.