Ya desde su mismo título, la última novela de Dennis Lehane evoca fantasmas. Los fantasmas del pasado, de aquello que fue y que quizá podría volver de improvisto para atenazar a los incautos. Cuando recibe el soplo de que alguien planea su muerte, Joe Coughlin, viejo conocido de la parroquia lehaniana se ve obligado a reintroducirse en las tripas del submundo criminal que con tanto esfuerzo trató de dejar atrás. En su momento Coughlin fue parte activa de un ecosistema gangsteril podrido y oscuro; hoy había casi conseguido situarse en una especie de Suiza, con simpatías más o menos equidistantes hacia todos los clanes, más empeñado en aconsejar a sus amigos y cuidar de su hijo tras la muerte de su esposa Graciela (en Vivir de noche) que en hacer de brazo ejecutor. Pero la muerte vuelve a planearle, y con ella, la figura del fantasma de un niño misterioso que siempre parece vigilarle desde la distancia. Ese mundo desaparecido supone un nuevo regreso de Lehane al mundo de los gángsters, digamos, clásicos, y cierra una trilogía temática formada también por Cualquier otro día y la citada Vivir de noche. Un retrato de un mundo (el underground delictivo del Boston de los años 40) en pleno cambio. Lehane presenta la Segunda Guerra Mundial como punto de inflexión del siglo XX y despliega un cosmos marcado por la pura política (criminal, pero política al fin y al cabo), por las luchas de familias por el control de los bienes -alcohol, armas, drogas, prostitutas- y por tensiones raciales a un nivel interno, pero también sociopolítco, preludio de unas décadas posteriores donde esa tensión no haría más que escalar. Y muestra las relaciones entre padres e hijos como reflejo de un mundo en el albor del cambio; de una generación que tomaría el relevo a la anterior y, para bien o para mal, daría por finiquitadas una serie de dinámicas sociales, políticas y, sí, criminales. Padres e hijos, un tema siempre implícito en las historias de clanes pero pocas veces tratado desde la intimidad con la que acomete el autor su historia. Porque sí, esto es un drama criminal tan minimalista como absorbente, una bronca novela negra marcada por los estilemas del autor -diálogos rápidos y directos y un ritmo cinematográfico-. Pero ante todo es una historia de personajes. Lúcida, emocionante y compleja. Maestro.