He aquí el último rogue-like procedural de moda. Es decir, la más reciente locura indie en forma de exploración de mazmorras (o dungeon crawler) generadas aleatoriamente. Y aunque servidor lleva meses felizmente adicto a Nuclear Throne debe reconocer que Enter the Gungeon tiene un potencial adhesivo considerable. Es lo que conllevan este tipo de juegos, que parten de una mecánica sencilla pero que juegan la carta del “una vez más” de manera tan simple como efectiva: el jugador muere una y otra vez, pero siempre querrá intentarlo una última. Más concretamente podemos describir Enter the Gungeon como un The Binding of Isaac con pistolas marcado por el sello de fábrica Devolver Digital. Esto es, unas gotas de RPG, tiros a tutiplén dispensados desde múltiples armas posibles, estética pixelada que remite una vez más a los 16 bits, gran variedad de enemigos y criaturas, humor abundante y un ritmo frenético, imparable y que se lleva por delante al jugador y su presión arterial. El jugador en cuestión elige a un personaje, se adentra en las mazmorras y ala, a destruir enemigos de estética y tempo cartoon. A buscar tesoros y premios por las sucesivas salas contiguas. A esquivar balas y romper cosas hasta que la dificultad pueda con uno y la voluntad de superación le obligue a intentarlo -como decíamos- una vez más, “sólo una vez más”. Y lo bueno del caso es que nada de todo ello es repetitivo. Enter the Gungeon sabe autorenovarse, parecer que a cada partida ofrece algo distinto y emocionante, y no sólo por la variedad de escenarios que garantiza la aleatoriedad del diseño. No, siempre regalará algún nuevo tesoro, desvelará alguna nueva mecánica o añadirá algún matiz a su trasfondo argumental, que es escaso y mezcla elementos de ciencia-ficción (y física cuántica), magia, fantasía medieval y western. Lo cual, si lo pensamos bien, es una mezcla imposible pero… extrañamente efectiva.