Si bien El día más feliz en la vida de Olli Mäki podría hacernos pensar de entrada en una especie de versión de bolsillo de Toro salvaje, esta celebrada incursión en el drama puglístico del finlandés Juho Kuosmanen parece tener otra agenda en mente. Sí, comparte cosas con la de Scorsese, como que ambas están planteadas como sendos biopics de boxeadores, que las dos están rodadas en un durísimo blanco y negro, granulado y expresivo, y que como aquella, esta escapa de los tics y modismos habituales en los géneros en los que se encuadra. De hecho casi se entiende más como una película sobre el despertar romántico que como una historia de ascenso y caída de un ídolo de barro. Y como un homenaje, por supuesto, a ciertas corrientes cinematográficas basadas en la libertad expositiva y que pretendían fijar un (anti) cánon de la modernidad formal: la nouvelle vague y el cine (ejem) “indie” norteamericano desde los 60 hasta principios de los 80. De Sombras a Extraños en el Paraíso, con parada obligada en Jules et Jim. Ese blanco y negro no deja espacio para la duda, pero tampoco sus encuadres vivos ni su montaje brusco, más orgánico que protocolario.

La historia es la del tal Olli Mäki (estupendamente interpretado por Jarkko Lahti), un boxeador que, a principios de los 60, aspiraba al título de Campeón mundial de peso pluma. Y por cuya vida se cruzó una chica de la que se enamoró y que a la postre resultó crucial para el devenir de su carrera emocional y deportiva. Y a pesar de que en ocasiones el estilo se impone a la substancia y que en algún que otro momento la película no parece querer dar más de lo esperable (aunque eso sólo sean cosas buenas), a pesar de eso la de Kuosmanen resulta una estupenda propuesta. Una historia íntima, dedicada al detalle, alejada -como decía- de los códigos del drama pugilístico (épica del perdedor, escalada climática, triunfalismo, espíritu de superación…) y que en todo momento sabe resultar entrañable, cercana e interesante. Reconocido en Cannes (de allí se llevó el premio a la mejor película en la sección Un certain Regard), El día más feliz en la vida de Olli Mäki es, en fin, uno de esos raros ejemplos que nos recuerdan que el del biopic no tiene por qué ser un formato tan previsible, adocenado y encorsetado como nos podrían hacer creer el noventa por ciento de sus ejemplos. En absoluto. Además de una película notable esta es una más que agradable sorpresa.