Reconozco que tuve un problema con Deus Ex: Human Revoloution, predecesor de este Mankind Divided. Uno que en su momento me impidió disfrutar de la experiencia y que me tenía un poco inquieto antes de comenzar con esta nueva peripecia de Adam Jensen. Ese problema se llamaba dirección artística. Human Revolution era, en su parte estética, un intento de enmarcarse en unos códigos muy concretos de la ciencia ficción relacionados con las distopías ciberpunk. Lo lograba, sí, pero no iba más allá, y terminaba siendo un juego formalmente algo anodino, desprovisto de personalidad propia. Acusaba, por así decirlo, una visión de la iconografía ciberpunk un tanto gastada. Y estaba empapado de una seriedad forzada (“realismo color caca“) que también infectaba el diseño de los personajes e incluso las interpretaciones de los actores: la voz de badass de Jensen siempre me pareció algo menos propio de un planteamiento estético riguroso y más de un subproducto de acción de videoclub de los 80.

Como decía, me agobiaba que el nuevo Mankind Divided pudiera someterme a otras quince horas de incomodidad audiovisual. Pero la jugabilidad extrema y algunos logros narrativos del anterior parecían motivación suficiente. No me arrepiento: el nuevo Deus Ex sigue siendo artísticamente discreto, aunque bastante menos irritante. En lo técnico tampoco supone un gran avance -algunos personajes parecen autómatas tirando a creepy-… pero en todo lo demás se mantiene en un estado saludable o incluso mejor. Las premisas jugables y las mecánicas siguen los mismos preceptos: acción en primera persona, disparos, sigilo e infiltración, pirateo de terminales y roleo. Al respecto de esto último, el jugador tiene más margen de maniobra y puede personalizar al personaje con mayor detalle. Esa es la gran virtud del juego, ya presente en el predecesor, pero perfeccionada para la ocasión: la enorme libertad que ofrece para acometer las misiones. El brillante diseño de niveles permite la infiltración por múltiples puntos posibles y el arsenal y las modificaciones corporales del protagonista ofrecen distintas alternativas basadas en la fuerza o el pacifismo. Enormes posibilidades tácticas para un juego, al respecto, fluido y afinado.

Por otro lado, Mankind Divided se sustenta en un guión potente, matizado, sustancioso… con un final, eso sí, algo abrupto. A pesar de que las premisas argumentales parecerían estar fundamentadas en clichés del género (apartheid entre gente convencional y “aumentados”, caos social, estado policial, terrorismo) pronto la historia resulta emocionante y se revela rica en detalles e ideas atractivas. Las decisiones que toma el jugador parecen importar, y a menudo condicionan los hechos. Sin salirse de los cauces del espectáculo de género, el guión presta atención a los principios éticos y morales como motor del mensaje. Por su parte, las misiones secundarias, lejos de ser mecánicas, resultan interesantes y enriquecen la trama central. E igual que las principales no piden sólo acción expeditiva, sino también reflexión, paciencia e inteligencia a la hora de superar los retos y plantear las estrategias.

Deus Ex: Mankind Divided logra sobreponerse a todo lo que le chirría y pronto resulta en un juego más que interesante. En un título a tener en cuenta en un panorama del triple A por el que en 2016 habrán pasado juegos artísticamente exquisitos (Dark Souls III), asombrosas demostraciones de músculo técnico (Uncharted 4) y, bueno, y DOOM. Insisto en que este no es ninguna de esas tres cosas, pero sigue siendo un blockbuster notable.