Pixar llegó a Del revés con una posición de absoluta dominancia respecto a prácticamente toda su competencia en el campo de la animación (Ghibli Studios como honrosa excepción). Pero por si hasta ese momento no había resultado lo suficientemente claro, el estudio se desmarcó definitivamente con un proyecto liderado por Pete Docter -un peso pesado, el encargado de Up– que era, simplemente, algo fuera de toda norma. Una película tan incomprensiblemente perfecta que asustaba. Que como siempre convenció (misteriosamente) al público infantil, pero que especialmente apelaba al adulto. Porque Del revés era una propuesta tan abstracta, tan brillantemente compleja en su concepto que uno se pregunta cómo fue si quiera aprobada por alguien, en algún lugar. Pixar, como de costumbre, no se cortaba un pelo a la hora de arriesgar, de tratar temas profundos y adultos (la secuencia de montaje de Up o el clímax de Toy Story 3 siguen resonando) pero, insisto, esta vez lo hacía desde la pura abstracción.

Visualizar los cambios psicológicos relacionados con el crecimiento, con la formación y el aprendizaje, con el paso de la infancia a la preadolescencia ya podía parecer una empresa arriesgada. Hacerlo de este modo, mostrando el interior de la mente de su protagonista, habitada por cinco personajes que representaban cinco emociones básicas (Alegría, Tristeza, Rabia, Miedo y Asco) sólo podía resultar en un fracasado galimatías o en un éxito absoluto. Fue la segunda opción gracias no tanto a un buen nivel técnico e interpretativo (que como siempre marcó la pauta para el resto de competidoras) sino gracias a un libreto lleno de ideas brillantes, delicadas sutilezas, estupendos personajes y, especialmente, complejidades narrativas y estructurales. Recuerdo pocos guiones tan profundamente alegóricos, por lo menos en el terreno animado, como el de DocterMeg LeFauveJosh Cooley, sustentado en una metáfora, la de la pugna constante entre Alegría y Tristeza que explica, como casi nunca antes, lo que significa convertirse en una persona.

Del revés es pues la película más humanista que jamás ha realizado Disney. También cumple holgadamente con el resto de requerimientos (es profundamente triste pero vitalista, e inevitablemente tronchante), pero donde de verdad brilla es en mostrar que se pueden aportar nuevas vías, profundamente creativas y complejas, para contar, capturar y retratar la esencia de la vida misma.

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