Ha vuelto y ha destrozado. Chappelle parece ya fuera de su tiempo, no ha sabido encajar en ciertas nuevas sensibilidades sociales… y eso lo convierte en un artefacto explosivo con un mayor radio de destrucción. El hombre desaparecía de la televisión en extrañas circunstancias dejando en su haber dos temporadas de su icónico Chappelle Show, abandonando una tercera a medio hacer y renegando del mundo en general y del microcosmos del showbiz en particular. Pero hace más de diez años ya de eso y, como digo, el mundo ha cambiado mucho. Sentarse ante sus dos standup especiales, grabados para Netflix en Los Angeles y Texas (¡!) de entrada producen cierto acojone. Porque uno, conociendo al personaje, sabe que se va a zampar chistes incendiarios por un tubo, la mayoría de ellos de cáustico contenido racial; probablemente algunos también con nula sensibilidad hacia los colectivos feministas y los movimientos LGBT, muchos ofensivos incluso para sus propios seres queridos (su mujer pilla de lo lindo). Pero hasta dónde llega la comedia y dónde empieza la persona siempre me la ha traído bastante floja, la verdad. Y seamos sinceros, si estamos aquí es por lo primero: la comedia. Así que reconforta comprobar cómo la de Dave Chappelle sigue siendo una infalible bomba de relojería y una tronchante cadena de infamias stoner. Pide distanciamiento irónico de partida y, a partir de ahí ya se despliega en toda su magnitud y a lo bestia. Sí, los chistes de negros y blancos capitalizan la función -ojo al leitmotiv de OJ Simpson en The Age of Spin-, pero siguen siendo escandalosamente descacharrantes, capaces de generar polémica (el hombre no ha aprendido nada de sus altercados con los guardianes de lo políticamente correcto… afortunadamente) y de hacernos llorar de risa mientras nos sueltan un puñetazo en la sien. Porque ante todo Chappelle es un removedor de conciencias, un tipo que mira de frente la contradicción racial en la que vive sumisa Estados Unidos y uno de esos cómicos que hacen del escándalo su principal arma arrojadiza. Al que no le guste, que no mire, que él seguirá igual si le dejan (bendito Netflix), y sus fans seremos un poco más felices, aunque sea tan de vez en cuando.