Como consumidor esporádico es difícil desenmarañar el abigarrado mundo de los juegos para móvil. Tantos títulos aparecen diariamente, tantas copias de otros títulos, tantas copias de copias, que es fácil sentirse un poco abrumado. O peor, renunciar a zambullirse en la búsqueda de títulos que sí valgan la pena e irse a hacer otras cosas con mejores perspectivas de éxito. Por eso, cuando aparecen joyas entre la marabunta estas brillan con especial intensidad. Es el caso de la nueva obra de Yoshiro Kimura para Onion Games Dandy Dungeon, para más señas subtitulado Legend of Brave Yamada. Coña desde el mismísimo principio, pues esto no es el RPG de mazmorras que podría sugerir su nombre sino más bien un ejercicio metanarrativo entorno a ello. El juego cuenta la historia de Yamada-kun, un oficinista japonés alienado que decide faltar a la oficina para crear su obra maestra del videojuego, el dungeon-crawler definitivo. El jugador, en dos planos de narración, se meterá en la piel del propio Yamada-kun y alternativamente en la del guerrero que protagoniza su juego, un work in progress que irá ganando en complejidad mecánica a medida que el oficinista falte más y más al trabajo. En ese sentido, el juego dentro del juego sí funciona como un RPG donde el personaje va consiguiendo herramientas y subiendo de nivel, luchando por turnos con enemigos e incorporando objetos mágicos y armas a su inventario.

Capas narrativas, decía, que incluyen esas dos líneas principales, pero que también incorporan varias micro-subtramas simples pero entrañables, marcadas por personajes de la vida de Yamada que va incorporando al juego: su jefe -villano de la función-, un informático, un colega o la vecina, con quien establece una línea romántica y que en el juego se transmuta en princesa a la que debe conquistar. Al final, la ficción y la realidad de Yamada se van mezclando, dando como resultado una especie de declaración de amor al medio armada por un Kimura que se revela artesano del homenaje a un género, a una estética (lo que ahora entendemos como pixel art) y a toda una época. Que usa el humor -hasta las musiquillas son graciosas- como herramienta para transmitir el mensaje, pero que no duda barajar temas serios: la exclusión social, la frustración, el amor imposible o el estrés laboral en una de las sociedades más afectadas por el tema. Encantador, reflexivo, adictivo y tronchante, todo en un espacio de 5 pulgadas.