Que la edición número 49 del festival de cine fantástico de Sitges vaya a tener larga vida y prosperidad es algo que sólo el tiempo dirá. Con un total de 174 películas proyectadas (49 de ellas incluidas en la sección oficial), el certamen que este año se dedicaba a Star Trek, contó con emociones cinematográficas de alto voltaje… pero más bien colaterales: si se gozó especialmente, si por algo pasará a la historia, será por las visitas de Max Von Sydow y de Christopher Walken; de Bruce Campbell y de Oona Chaplin o de Dolph Lundgren. Porque el nivel de las cintas exhibidas fue, como siempre, más decepcionante que memorable. Hasta que no se haga un replanteamiento profundo del certamen, y se decida una reducción drástica del número de títulos en pos de la calidad de los mismos, Sitges seguirá siendo un evento de masas en lugar de un festival de cine al que, en teoría, se acuda por inquietudes culturales antes que sociales. Con todo, sí se vieron buenas, o muy buenas películas. A continuación proponemos una selección de lo que, a nuestro gusto y sin haber podido consumir toda la programación, dio de sí el Sitges International Film Festival of Catalonia.

 


La doncella (The Handmaiden)


Una de las tres grandes propuestas surcoreanas, curiosamente todas ellas con el conflicto japonés-coreano como marco, fue la que trajo al mejor Park Chan Wook de los últimos años. Galardonada con el Premio del público, La doncella es una combinación tan imposible como perfecta entre el cine del responsable de Oldboy, y el de Hitchcock: un thriller ambientado en los años 30 que aglutina misterio y drama, sexo y provocación, pero sobre todo, grandes muestras de cine por parte de uno de los directores más estimulantes de nuestra época.

 

El extraño (The Wailing)


Otro retorno, otro premio (el de mejor fotografía) y otra imprescindible con el conflicto de fondo. Na Hong-jin (The Yellow Sea) presentaba su tercera película hasta la fecha, y la más arriesgada. Lejos de la línea del thriller de acción a lo Michael Mann por la que parecía moverse, el cineasta arriesga con una embriagadora mezcla de géneros que toca tanto el folklore asiático como las posesiones. En conjunto, una obra agotadora, cargada de matices y mensajes, y con pasajes que llevan al espectador a un lugar del todo desasosegante. Una maravilla.

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The Age of Shadows


Cerramos el trío de cine asiático con la nueva propuesta de otro ilustre: Kim Jee-woon. Quien sorprendiera al público (especialmente occidental) con títulos como Encontré al diablo o El bueno, el feo y el raro, se pasa al drama histórico con una mega producción que, de hecho, será la que represente a Corea del Sur en la próxima ceremonia de los Oscars (si finalmente deciden seleccionarla entre las finalistas a la categoría de habla no inglesa). Un retrato apabullante ubicado directamente en pleno conflicto entre Japón y Corea, traducido en un denso drama que alterna pasajes de acción (rodados con la maestría de los más grandes: palidecen spielbergs y tarantinos ante la portentosa introducción del film, o su secuencia a bordo de un tren), con otros de caza-al-espía. El resultado casa a la perfección, hasta el punto de poder considerarla como la mejor película del festival…

 

Que Dios nos perdone
…

De no ser por la existencia de la nueva maravilla en formato policíaco español. Rodrigo Sorogoyen, responsable de Stockholm, da un giro inesperado en su carrera proponiendo la que, a juicio de quien esto escribe, no sólo se sitúa en lo más alto del certamen, sino que probablemente estemos hablando de la mejor película española del año, a secas. Dos policías (espectaculares Roberto Álamo y Antonio de la Torre) dando caza a un asesino en la sucia, deprimida, calurosa, enmohecida, violenta Madrid de 2011 días antes de la llegada del papa Benedicto XVI. Y un retrato social exquisito, rodado con maestría y resultando en una obra maestra que toma el relevo de La isla mínima y pasa la mano por la cara a la más bien sobrevalorada Tarde para la ira. Si el cine español está en un momento dulce, el thriller policíaco tiene buena parte de la culpa, y Que Dios nos perdone es, sin duda, el mejor ejemplo de ello.

 

Comanchería (Hell of High Water)

Un David MacKenzie que alterna momentos de brillantez con otros de hueca pedantería, fue el encargado de dar el do de pecho en lo que a cine norteamericano se refiere. El inglés dirige a Chris Pine, Ben Forster y Jeff Bridges en un western de nuestra época: en la América más profunda y, de nuevo, deprimida, dos hermanos se dedican a atracar bancos de poca monta y a llevarse botines lo suficientemente modestos para como no llamar la atención… hasta que Bridges asoma la cabeza. Desde los primeros compases de Comanchería uno ya toma plena consciencia de estar viendo algo grande: cada plano, cada línea de guión parece haber sido estudiada a la perfección, con el fin de conseguir una suerte de Bonnie and Clyde de nuestra época, y a la vez, uno de los grandes clásicos (sí sí, como suena) del decenio. De factura impecable, interpretaciones redondas, emociones en aumento y con una conclusión soberbia, se destila amor por el cine de cada uno de sus planos.

 

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Swiss Army Man



La ganadora del año. Quizá sea excesivo, pero por otra parte, hacía tiempo que una película no era capaz de llevarnos por los terrenos por los que lo hace Daniels con esta historia sobre un Robinson Crusoe que encuentra aliado en… un zombie pedorro y que se pone palote. Cierto, suena a chorrada mayúscula, pero a la hora de la verdad Swiss Army Man es una pequeña joya de visionado obligado para amantes de Gondry, Jonze y compañía. Cine pequeñito, donde priman las ideas, los sentimientos y los personajes. Una premisa desternillante que da paso a una historia original y emotiva, conducida con brillantez por un cineasta que encima demuestra tener muy buen tacto detrás de la cámara. ¿Se puede pedir más?

 


Colossal


Nacho Vigalondo se empeña en hacer dos cosas: renovarse a cada película, y tratar de exprimir al máximo las posibilidades que éstas le ofrezcan. Le ha dado resultado siempre, pero el caso de Colossal es, además, especialmente agradecido por ser su mejor trabajo hasta la fecha. También aquí hay una premisa que apunta a gilipollada (no desvelaremos nada de su mezcla entre kaiju y comedia indie) pero que tarda poco en calar en el espectador por la desbordante humanidad de sus protagonistas (Anne Hathaway a la cabeza) y el atino con el que se dignifica dicho entramado hasta convertirlo en un dechado de la narración cinematográfica, el buen humor, y la emoción. Unos borrones en su acto final impiden que la fiesta sea redonda, pero las sensaciones son en todo caso excelentes.

 

Callback


La ganadora del festival de Málaga fue injustamente ninguneada por el festival de Sitges, que le dedicó apenas un pase, escondido y prohibido (prácticamente) a la crítica, el último día del certamen. Una pena, porque la cinta de Carles Torras ha sido de los platos más gordos del mismo. Un Taxi Driver desde el prisma de Permanent Vaction, una pesadilla en forma de hombre que descubre la realidad detrás del sueño americano, una crítica atroz a la sociedad norteamericana, pero extrapolable a cualquier otra. Cine arriesgado, comprometido y de nivel, hecho con cuatro duros y primando el guión por encima de cualquier otra cosa. La hora escondida de Sitges 2016.

 

La región salvaje


Amat Escalante es y será siempre un ser extraño, una figura inclasificable en esto del cine. Cada película suya es una patada sin miramientos y La región salvaje no iba a ser la excepción. De hecho, esta mezcla de géneros, esta tórrida invasión alienígena por así describirla, quizá sea la más extrema hasta la fecha. No admite medias tintas, es de esas que se aman o se odian, pero también de las que obligan a volver a ella una y otra vez, instalándose cual pesadilla en el subconsciente del respetable. Todo ello, claro, con la habitual excelencia artística de una de las voces más interesantes del cine mexicano.

 

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Crudo (Raw – Grave)


La película escándalo que al final no fue tal. Precedida de desmayos y ambulancias a la puerta del cine, al final resultó que Crudo es solamente un tremendo drama, maquillado de cine de género, sobre una cosa y los cambios que se ve obligada a pasar cuando empieza la universidad. Solo quiere diseccionar cada una de las bombas emocionales que puede implicar el descubrimiento del sexo, la falta de tutores, el rechazo o bullying de los compañeros. Solo es un drama terriblemente humano, solo una película que acude al corazón del espectador para estrujarlo a su antojo. Solo.

 

El listado no sigue ningún orden,  pero sí quedan fuera del top, porque realmente considero arriesgado hacer lo contrario, películas en todo caso estimulantes, como esa suerte de adaptación no oficial del videojuego The Last of Us, Melanie. The Girl with All the gifts. O la rareza inclasificable, dechado de simbolismo y voluntad, que es I tempi felici verranno presto. También merece la pena destacar la primera película animada hablada de Bill Plympton, un cuento con moteros, sectas y putas llamado Revengeance. Las dos mejores propuestas de terror fueron Under the Shadow y The Eyes of My Mother, una pesadilla ambientada en pleno conflicto de Oriente medio, y una truculenta historia de niñas truncadas en riguroso blanco y negro respectivamente. Y finalmente, toca hablar de una portentosa La llegada, ciencia ficción de primer nivel (y necesitada de más de un visionado) de Denis Villeneuve, y de un par de placeres culpables: Voyage of time y Salt and Fire, de Malick y Herzog. El primero, un documental hecho a retazos y sin mucho que explicar, pero absolutamente adictivo para fans. El segundo, una película fallida en todos los sentidos, pero con ese algo que la hace única.
Ni están todas las que son (no pudimos ver La propera pell, descartamos por poco de este top Shin Godzilla…) ni son todas las que están (menudos desastres los que supusieron The Limehouse Golem, Inside…), pero esperamos que el recorrido os sirva para tener una idea de lo que dio de sí otro festival tirando a irregular. Obviamente, se esperan sugerencias, opiniones, críticas e improperios.