Golpe de timón para Minetarô Mochizuki, que se aleja de los géneros que le conocíamos (fantástico, terror) y va a recalar en el drama costumbrista, o en la comedia humanista, o quizá un poco en las dos cosas en una historia que adapta la obra original de Shûgorô Yamamoto y la traslada a la época actual. En este volumen, el primero de cuatro, el nipón pone las cartas sobre la mesa y lo hace con sosiego, con una exposición calmada y concienzuda más propia de un Jiro Taniguchi que del tipo que se inventó Dragon Head hace ya veinte años. Shigeji es arquitecto, hipster con pinta de posthippy salido de una peli de Wes Anderson y, además de todo ello, heredero de una empresa familiar de construcciones. Negocio del que pasa a ser propietario inmediatamente después de la muerte de sus padres en un trágico incendio que, además, se ha cobrado varias propiedades. Shigeji toma el mando a regañadientes, pero es ayudado por Ritsu, una amiga de la infancia con la que ahora parece tener algo más que una cierta afinidad afectiva. Juntos se encargan de la casa donde se instala Shigeji y de los niños sin familia que son acogidos en la misma. Estamos pues ante un sosegado relato costumbrista, una rodaja de vida centrada en dos jóvenes, a los que se sumará una tercera, con la que probablemente se formará un triángulo afectivo. Cosa curiosa. Sin embargo no es este es el único cambio que percibimos en este Mochizuki. El estilo de dibujo ha perdido (o no ha querido buscar) la capacidad de perturbación que solía poseer y opta por un mayor perfeccionismo, que sacrifica las formas exageradas de los rostros y la recarga formal en pos de un equilibrio más simple. Tanto es así que el autor juega con los fueras de plano cuando se trata de mostrar las caras: por algún motivo que aún me resulta opaco en muchas ocasiones no vemos los rostros de los protagonistas, ya sea por el uso de ese off o por los propios elementos de caracterización, caso de las melenas y la barba de un Shigeji que permanece casi anónimo durante todo el tomo. Un inicio taciturno y apacible, pero sumamente estiumulante, para un manga distinto en el mejor de los sentidos.