Juego (en apariencia) pequeñito de formas entrañables, desarrollado por la española Teku Studios, financiado a partir de una exitosa campaña en Kickstarter. Hemos visto de todo como para sorprendernos ahora de que un título con semejantes credenciales se haya convertido en uno de los indies del momento. Pero cuanto menos hay que decirlo. Y celebrarlo. Porque Candle es una pequeña joya. Planteado como un juego de puzzles con un punto plataformero (e incluso algo de sigilo) en lo primero que uno piensa cuando empieza esta maravillosa aventura es en los juegos del estudio checo Amanita Design. Bueno, lo primero no, que la cosa se abre con una estupenda cinemática que nos pone en harina: un pueblo ha sido arrasado y tú, aprendiz de chamán, tendrás que ir a salvar a tu maestro de las garras de los guerreros responsables de la barbarie. Pero empieza la mecánica, y si bien uno podría pensar de buenas a primeras en Machinarium o en Samorost, lo cierto es que Candle es capaz de coger su propio par de alas y alzar el vuelo. Primero en lo gráfico, a la altura de los citados pero al mismo tiempo tremendamente personal: aquí todo está pintado a mano, dibujado con (creo intuir) plumilla y coloreado en acuarela. El resultado es una obra de enorme belleza, cautivadora en su luminosidad y sus preciosos colores, en lo artesanal y lo imaginativo de los diseños de sus escenarios. Por otro lado, sus puzzles y retos lógicos son no sólo situaciones en las que el jugador debe armar la solución con las piezas dispuestas en el escenario. No, son puestas a prueba de la memoria, necesaria para conectar los elementos que van apareciendo a lo largo del tiempo y a lo ancho del espacio: Candle pide más atención, más papel y lápiz y también más ensayo-error. Y a poco que uno se deje llevar por la mecánica, es abducido por su sistema de juego mesurado, por sus infinitas sugerencias y estímulos audiovisuales (incluyo la narración del icónico vozarrón de Pepe Mediavilla) y por la íntima, carismática y a ratos terrible historia de este personaje mudo, un Teku que podría, debería, pasar a la historia del videojuego hecho en España.