La tradicional cita anual de todo espectador medio con Woody Allen es algo tan ineludible y automatizado como pueden parecer algunas de sus últimas películas. Uno se mete en la sala sin conocer mucho de lo que se va a encontrar y al mismo tiempo sabiéndolo aproximadamente todo. Afortunadamente, cada cuatro o cinco ocasiones sale uno tan satisfecho a la calle que se pregunta si, esta vez sí, va a ser la última vez que ocurra. Lo que ya no se pone en duda es que, con el paso del tiempo, Allen se ha convertido en unos de esos escasos maestros aun vivos cuyas películas van a ser guardadas a buen recaudo en el recuerdo de todo cinéfilo que tenga la suerte de poder verlas en el momento de su estreno. Ver una cinta del ya octogenario Woody Allen de 2016 es, digamos, casi como tener la suerte de ver la nueva invención de Godard o, hasta hace bien poco, el nuevo cuento de Manoel de Oliveira. Ya se sabe, cineastas de otro tiempo y lugar que, en su profundo e insalvable anacronismo, nos regalan pequeñas perlas venidas de otro mundo.

Como ocurrió ya con algunos de aquellos cineastas, el canto del cisne de Allen (uno que se lleva prolongando ya más de una década) ha consistido en la sistemática reinterpretación de sus viejos y atemporales temas de siempre, perfectamente permeables a un contexto cinematográfico norteamericano radicalmente cambiante que Allen nunca pretendió comprender. Café Society es, en este sentido, un nuevo “refrito de oficio”, incluyendo el triángulo amoroso tragicómico de Hannah y sus hermanas, en el seno del mundo familiar de Días de Radio, con el afectuoso recuerdo por la industria del celuloide de La Rosa Púrpura del Cairo. El añadido ahora es el curioso y algo atípico sentido de la nostalgia que Allen impregna en sus palabras por primera vez desde Blue Jasmine (nuestro encuentro más reciente con un Allen brillante), y una estructura narrativa que, aunque en aparencia sencilla, refleja los sinsabores no explicitados de sus personajes para desembocar en uno de los mejores finales que yo recuerde en toda la filmografía alleniana.