Tras 13 tomos, echa el cierre uno de los seinen que han definido el manga en estos primeros años del siglo XXI. Una auténtica institución de culto, obra de uno de los mangakas hoy en la primera división del tebeo llegado desde Japón. Buenas noches, Punpun es la historia apasionante, absorbente, y a ratos desconcertante, de Punpun, un chaval al que vemos pasar de una infancia marcada por la práctica ausencia de padres a una adolescencia medianamente turbulenta. La particularidad, que el chico se presenta ante nosotros como un ser aviforme (él y su familia directa), una especie de pollo cartoon que destaca en un entorno descrito con un detalle formal asombroso y de quien, además, no oímos la voz. Una primera decisión extraña y descolocante que, sin embargo, va tomando sentido a medida que avanza el extensísimo relato: al fin y al cabo en toda historia de maduración -en la que probablemente vivimos nosotros mismos- el protagonista es poco menos que un ser extraño que se siente distinto al resto y lucha para encajar de alguna manera.

Inio Asano pasa por todos los estadios de la maduración (del desconcierto infantil a la revolución hormonal), se apoya en un elenco de secundarios que a menudo toman las riendas hasta hacer desaparecer temporalmente al auténtico protagonista y construye un relato visceral y descompensado. Que funciona por amontonamiento de situaciones, de tiempos, de historias y lugares. Una narración meditadamente dispersa que quiebra de un tono a otro sin que nos dé tiempo a darnos cuenta. De este modo, Buenas noches, Punpun es una obra de una ternura latente, pero impregnada de una terrible crueldad. Una aventura sutil y honesta que en muchas ocasiones resulta también burda y grotesca. Pero que incluso en algunos de los momentos más desconcertantes conecta directamente y como una punzada con la sensibilidad del lector al hablarle con pasmosa lucidez sobre la soledad, la necesidad de compartir la vida con alguien. Sobre lo que se siente al enfrentarse por primera vez con el sexo y la muerte. Sobre los misterios de la religión y la locura, el arrebato carnal y lo espiritual. Una obra sensible, cruda, tierna y dura. Clara, excéntrica, altamente simbólica. También una de las más importantes y complejas miradas al proceso de maduración que ha dado la narrativa reciente. Un manga que debería trascender su propio ámbito y convertirse, ya, en un clásico moderno.