Abbi e Ilana han crecido. De eso ha terminado hablando Broad City, aunque no nos diéramos cuenta desde un principio. Sí, la serie -antes webserie- siempre ha dado vueltas entorno a la condición incierta de los treintaañeros urbanos de hoy, entre la juventud y la responsabilidad de la edad adulta. Pero no ha sido hasta esta quinta y última temporada que las cómicas no se han puesto en serio. Y menudo sismo emocional. Resulta que debajo de tantos chistes de pedos, tanta comedia etílica y lisérgica, tanto descacharre emotivosexual había algo mucho más intenso y profundo: con su última campaña Broad City ha pasado de ser una grandísima comedia gamberra a, directamente, ser una grandísima serie.

Empezaba la temporada con un episodio extraordinario, un intento algo burdo sobre el papel pero con un resultado definitivamente memorable, de implementar las narrativas audiovisuales de las redes sociales en el formato tradicional televisivo. Un fogonazo cuasiadolescente que daba pie a un viaje emocional en el que, diez capítulos más tarde, Abbi ha empezado a sentir de verdad el peso de su talento infraexplotado, se ha abierto a nuevas facetas de su propia sexualidad y, finalmente, ha terminado por dar un salto vital definitivo -y que me guardaré de destripar aquí-. Porque ha sido ella quien ha acumulado toda la espesura dramática en un personaje que poco a poco ha ido acusando la compañía y el inmovilismo de su partenaire Ilana, adolescente a perpetuidad y feliz irresponsable de la vida. Pero esto no ha sido el show de Abbi: la serie siempre ha funcionado mejor cuando se ha centrado en las sinergias de la pareja como tal. Y la contraposición de ambas, cada vez mayor en estos diez episodios, es lo que ha generado el auténtico fuel dramático.

Una gasolina que finalmente ha hecho estallar el motor en una finale perfecta, desarmante y emotiva. Alejada de los cánones de la serie (el último episodio emitido de It’s Always Sunny in Philadelphia operaba en el mismo sentido) pero absolutamente coherente con el mensaje que las creadoras se han esforzado en transmitir. Un capítulo íntimo donde las protagonistas se han confundido con sus propias intérpretes y creadoras, que sabía a despedida a dos niveles y que ha terminado por desdibujar las líneas entre la caricatura y el retrato, entre el personaje bufo y el tratamiento de dos personalidades profundas y tridimensionales. Todo ello tocando varios de los temas que, directa o indirectamente, ha abordado la serie: la amistad, la maduración, el amor, el feminismo, la libertad, la independencia, las maneras alternativas de trabajar y buscarse la vida y el reaprovechamiento de la basura.

Ilana (Wexler/Glazer) y Abbi (Abrams/Jacobson) se van. Las echaremos muchísimo de menos, pero probablemente no lo hará esa Nueva York a la que la serie siempre rindió tributo y que recibe su homenaje final en un último plano que nos recuerda que la ciudad, cualquier ciudad, nunca estará huérfana de Abbies e Ilanas, sean del género, condición u origen que sean.