Tiene algo de homenaje a los exploits patibularios setenteros, a la ciencia ficción ácrata pero festiva de la misma época y a las historias de cárceles femeninas. Pero Bitch Planet, último aparato de la siempre atinada Kelly Sue DeConnick, es ante todo un objeto de protesta feminista. Una reivinidicación aún necesaria en un panorama tebeístico donde en los últimos años están empezando a notarse, por fin, ciertos aires de cambio. Algunos de los títulos más destacables publicados en el ámbito del cómic mainstream actual están escritos por mujeres y revolotean entorno a la cuestión feminista, una tendencia a la que se unía hace un par de temporadas esta Bitch Planet que finalmente ve la luz en nuestro país. La excusa es la sátira distópica de una sociedad caricaturesca, sí, pero plenamente reconocible. Un futuro desviado donde el heteropatriarcado blanco y cristiano ha tomado definitivamente posesión del poder social y moral y ha decidido marginar a las mujeres que le resultan incómodas, que han delinquido, que han faltado al orden social o, simplemente, que  molestan. Mujeres que han sido reducidas a meros objetos de descarga, de catarsis, que se las ha privado de su capacidad de decisión sobre sus vidas y acciones, que son tratadas con condescendencia, reducidas a medianías sin criterio. Cuyo destino es decidido por un puñado de hombres que, en última instancia, las convierten en un mero espectáculo deportivo. Mujeres que, sin embargo, se niegan a ser homologadas, instrumentalizadas o cosificadas. Una terapia de choque que deberá producirse en un sistema social promulgado por los hombres, aceptado por casi todos y legitimado por los medios de comunicación, que son una mera parte de un mundo falsamente ideal, abocado a la dictadura de la imagen y a los postulados del manual de buena conducta. Con humor y mala leche, puntadas homenajísticas y un apartado gráfico brusco y descarado, DeConnick y De Landro buscan un ataque frontal y directo más que la sutileza en un discurso airado, encendidamente reivindicativo; a ratos lúdico y a otros lúcido. Una Orange is the New Black distópica que se coloca entre las series más interesantes del cómic del momento.