Chico conoce chica. Surge el amor, a pesar de sus circunstancias adversas y sus perspectivas vitales dispares: comparten algunas cosas, otras no tanto, pero hay una inequívoca atracción mutua. Nos olemos una historia con un devenir más o menos convencional, no necesariamente mala pero sí predecible. Pero es sólo un espejismo que se desvanece con unas pocas páginas de lectura. En la nueva novela de Mohsin Hamid se va infiltrando, ya desde un principio, la incomodidad, la incertidumbre y, a mitad de camino, la sorpresa y el desconcierto. Es esta una historia de amor, sí. O más bien una historia con amor. Pero es, ante todo, un drama sobre la crisis de los refugiados: Nadia y Said viven en una ciudad sin nombre de un país no especificado, probablemente situado en Oriente Medio. Una sociedad de clima bélico en una urbe decadente surcada por calles por las que hay que desplazarse esquivando balas, bombas y cadáveres que cuelgan de farolas. Su relación convive constantemente con el riesgo de ser descubiertos y expuestos y, especialmente con la intolerancia y el radicalismo ideológico, que ve con malos ojos si quiera que vayan cogidos de la mano en plena calle. Nadia y Said necesitan abandonar el lugar y desplazarse a otro país, refugiarse en un mundo que debería ser mejor. Y aquí entra la ruptura con lo real: algunas puertas ordinarias se han convertido en portales inexplicables capaces de teletransportar a quien los cruza a otra ciudad, otro país. Un recurso de realismo mágico, o quizá de ciencia ficción, que simboliza esa necesidad de emigrar. Que representa la ruptura con nuestro mundo, globalizado e interconectado y, al mismo tiempo, lleno de fronteras infranqueables y de barreras. Pero la de Hamid no es una historia necesariamente optimista. El periplo por Mikonos, por Londres, por San Francisco -y las varias microhistorias complementarias de personajes anónimos de alrededor del globo- no es el relato de la llegada al paraíso sino casi un retrato de una sociedad impredecible y distópica, alejada de los sueños de felicidad de los que aspiran a un mundo mejor.

Llena de imágenes impactantes, narradas a través de una prosa ágil pero rica, seca pero precisa, y con dos protagonistas (especialmente ella) carismáticos e interesantes, Bienvenidos a Occidente es una novela breve llamada a generar sensaciones intensas y más encendidos debates. Debates sobre la situación de los refugiados, sobre lo relativo de las presuntas diferencias que separarían a los habitantes de ambos mundos, sobre la fragilidad de la paz en un planeta tan crispado como el nuestro. Debates que, en el fondo, yacen en el centro de una historia sobre la esperanza, la huida y el amor.