No era fácil soslayar la sombra de un titán del calibre de Breaking Bad. Pero Vince Gilligan y Peter Gould, creadores ilustres, hicieron acopio de autoconfianza y se lanzaron a por el spin-off. ¿Su mejor jugada? Primero, optar por conceder el protagonismo a un personaje originalmente tangencial. Segundo, y en consecuencia directa, desmarcarse considerablemente del referente para imprimir un nuevo tono y urdir tramas razonablemente distintas para no resultar esclavos de la serie madre ni caer en el fanservice. Sí, Better Call Saul comparte algunos personajes con aquella más allá del titular (el churretoso abogado Saul Goodman/Jimmy McGill tan maravillosamente interpretado por Bob Odenkirk) y su improbable partner in crime Mike Ehrmantraut. Pero parte de un tono mucho más cercano a la tragicomedia. No abandona el thriller ni los ambientes del narcotráfico, por supuesto, ni tampoco el aire de tragedia fronteriza en un cosmos neo-westerniano. Pero el destartalado y pícaro carácter de su protagonista la escora irremediablemente hacia una especie de desencanto mordaz a la vez que desmonta códigos del noir y las ficciones judicales.

Sin embargo, las tres señas de identidad más vertebrales de Breaking Bad siguen en Better Call Saul. Por un lado las tramas milimétricamente diseñadas que saben jugar al desconcierto y la sorpresa sin quemar uno ni otro dosificando la información de manera magistral, explorando recovecos del (los) género(s) que parecían aún inéditos. Por otro el trabajo meticuloso de escritura -e interpretación- de personajes, que se atreve a ahondar en los claroscuros de una panda de semiperdedores que saben cómo ganar, que no son del todo buenos ni del todo malos, que buscan redención entre los escombros de la decadencia y que se debaten (especialmente en el caso del protagonista) entre el deber y el deseo, entre la responsabilidad y la desvergüenza, entre la dignidad y el caos. Finalmente, también mantiene ese engranaje formal cuasicinematográfico e incluso lo pule, prescindiendo casi por completo de algunos de los modismos que empañaban la elegancia visual de la epopeya de Heisenberg.

Sí, Better Call Saul es algo distinto sin dejar de llamar a su referente. Pero al final ha terminado siendo un producto no sólo totalmente autónomo sino, más importante, único en su personalidad e hiperpulido en sus propuestas textuales y formales. Y un absoluto gozo, episodio a episodio.

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