Como un milagro tardío, como unas navidades en julio, van a coincidir en las cartelera ibéricas (las de los blockbusters mongoloides, para más narices) dos de las películas más fascinantes y cautivadoras que ha despachado la filmografía británica en las últimas temporadas. Berberian Sound Studio y The Duke of Burgundy saltan del circuito festivalero -nosotros las pudimos ver en Sitges- y van a caer a las salas comerciales (ya veremos a cuántas) para uso y disfrute de todo aquel que se sienta lo suficientemente inquieto como para hacer de este verano un lugar más extraño, hipnótico y embrujado. Y es que la ocurrencia de algún distribuidor suicida ha resultado ser una de las noticias cinéfilas de la temporada. El de Peter Strickland es un corpus creativo breve pero intenso donde el debut largo Katalin Varga preparaba el terreno para la explosión creativa de sus dos siguientes películas. Berberian Sound Studio (2012) es una suerte de drama psicológico alucinatorio en el que Toby Jones interpreta a un técnico de sonido de cine en la Italia de los setenta. La de los giallos. Concretamente los giallos más sórdidos, insalubres y truculentos. Un viaje onírico que termina convirtiéndose en un trip formalista donde el thriller se confunde con la comedia negra y la experimentación termina pareciendo la única vía posible. Más contenida en sus formas y aparentemente accesible, pero no menos arrebatadora, es The Duke of Burgundy. Una especie de parábola sobre el deseo, el amor y la sexualidad donde se encuadra un estudio sobre la dominación y la sumisión de una profundidad psicológica a la altura de la de El sirviente de Losey. Dos amantes lésbicas viviendo una vida bucólica, estirando los límites de sus filias sexuales y jugando al gato y el ratón con sus propios sentimientos, expectativas y manías. Para colmo, The Duke of Burgundy guiña a Just Jaeckin, a Liliana Cavani y a Jess Franco mientras apela a las formas del romanticismo formalista kitsch, aun desprendiendo una clase y un estilo visual embriagadores. Lo cual obviamente acrecienta más su carácter de juguete lúbrico perverso y psicológicamente desafiante.

Osen. Berberian Sound Studio y The Duke of Burgundy es una sesión doble realmente vuela-cabezas.