Por una vez podemos hacer caso a ese, por lo común timorato, juego de referencias cruzadas con las que las editoriales suelen describir sus lanzamientos. Esto sí tiene algo de Steinbeck (ese ambiente propio de Las uvas de la ira), de Cormack McCarthy (la visceralidad primitiva de Meridiano de sangre), de Tarantino (las pinceladas de esa tan cinematográfica casquería, las historias cruzadas). La segunda novela -no cuento los relatos de Knockemstiff– de Donald Ray Pollock es eso y, al mismo tiempo, la confirmación de una voz propia aún más americana que el género del western en el que se enmarca esta historia de perdición y salvajismo que, sí, también podría haber rodado Sam Peckinpah. Situada en 1917, con el fantasma de la guerra sobrevolando a los que se quieren ir a Europa a luchar, pero también a los que no salen de su perplejidad, preguntándose qué tendrá que ver todo aquello con sus tierras y sus rebaños, la novela cuenta la historia de varios personajes. Tiene como centro principal a los Jewett, tres hermanos que tras quedarse huérfanos deciden poner fin a la seca austeridad de un padre que antes de morir se había vuelto definitivamente loco… y se convierten en el trío de atracadores de bancos más perseguido del sudeste de los Estados Unidos. Pero también a los Fiddler, un matrimonio que han perdido un hijo, aparentemente alistado en el ejército. Y a tantos otros personajes que revolotean en una trama seca, brusca, bronca, muy sucia. Pero también perfecta en su dosificación de las interrelaciones entre esos personajes, que van configurando una arquitectura narrativa rica y eléctrica. Un plantel con el que, por otro lado, el autor se muestra poco benevolente: El banquete celestial está poblado por bandidos, asesinos, putas y puteros, usureros, caraduras, comerciantes zarrapastrosos, cazarrecompensas y paletos de todo tipo. Conformando un dibujo del western crepuscular sucio, enfermo y blasfemo. Un auténtico chute de narrativa adictiva, arrolladora y divertidísima en su despliegue de humor negruzco, no apta -disculpad el topicazo- para estómagos sensibles.