En el mejor de los casos Arsène Schrauwen muestra cómo ser radicalmente moderno pareciendo descaradamente antiguo. En el peor, es la prueba de cómo descolocar pareciendo muy bien no se sabe qué. Porque si esto haría pensar de buenas a primeras en un relato de los mares del sur al estilo Jack London hay algo subversivo en la obra de Olivier Schrauwen (en toda su bibliografía lo hay), ese intento de fantasear (creo) entorno a una epopeya tropical vivida por su propio abuelo durante los años 40.

Es esa capacidad de pillarnos desprevenidos y plantar giros de una espesura emocional difícil de tragar en medio de lo que por otro lado se diría frivolidad. Donde el belga parece querer hablar de aventuras en realidad diserta sobre la soledad, donde parece querer mostrar el hambre de descubrimiento en realidad nos plantea a un hombre un poco perdido, que no tiene más remedio que dejarse llevar por el choque entre lo que espera de la vida y lo que esta le ofrece en realidad. Hay mucha tragicomedia, pues, en la vida de este señor que parece pasear de aquí y allá estando igual de cómodo en la piel de un turista despistado que en los zapatos de un magnate. Si todo esto tiene algo de verdad, o si contiene sólo algunas licencias y el resto es todo biografía importa poco, la verdad.

Publicado en tres volúmenes, recopilado en 2017 en un tomo esencial Arsène Schrauwen era delirio catatónico, fantasía multicolor en sólo tres tonos (azul, blanco y rojo), sueño febril de una noche de verano en las islas, claustrofóbico y liberador relato de aventuras colonialistas, pasional relato romántico a lo Hollywood (sale mal) y contenedor para la experimentación formal -de página-, genérica -de tono-, y temporal -de ritmo. Sume en un estado de lectura extraño, incómodo y satisfactorio y se postula como la más rara pero entrañable biografía en formato cómic posible. Si el cómic europeo sigue a la vanguardia, es por cosas como Arsène Schrauwen.

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