Hay tal obsesión por encontrar la próxima Gran Voz de la Literatura Americana que a veces parece que a todo el mundo se le olvida que esta puede venir de fuera. Chimamanda Ngozi Adichie, nigeriana afincada en Estados Unidos desde los 19 años pilló al ruedo literario con las defensas bajadas y coló entre lo más granado del momento su Americanah, novela-río que se desplaza de Nueva York a Nigeria para contar la historia de la joven Ifemelu y todos los que la rodean, a medio camino entre sus orígenes y esa vida en un lugar presuntamente ideal pero que aún se encuentra sumido en profundos conflictos de identidad relacionados con la raza.

Es esta una novela que vive en perpetuo conflicto, de hecho. Que busca una identidad y por ello salta con increíble fluidez de lo costumbrista a lo cómico, de lo social a lo personal en esa historia de amor protagonizada por dos seres (Ifemelu y Obinze) que, quieran o no, dejan de ser quienes eran a lo largo de los años para verse obligados a redescubrirse en su Lagos natal. Porque estos protagonistas son de varios lugares, pero de ninguno en concreto. De hecho la palabra americanah se usa para designar aquellas personas que emigraron de África a Estados Unidos y volvieron, digamos, convertidas en otra cosa. La búsqueda no sólo de un futuro próspero (¿en el mundo occidental o en donde están las raíces?) sino de un lugar en sí mismo, de una identidad propia que se construye no desde una “base de operaciones emocional” estable sino a partir de múltiples vivencias. Americanah es, pues, un pormenorizado y más que brillante relato sobre choque cultural. Sobre la losa del estereotipo, el peso de las diferencias de clase y las desigualdades de etnia y género.

Ngozi Adichie, que a pesar de su corta edad por entonces ya llevaba publicados varios textos se consagraba con este novelón (su tercero) profundo, complejo -las voces, los puntos de vista y los personajes son multitud- y emocionante que mediante una cierta carga autobiográfica aportaba visiones inéditas mediante un tono personal basado en una observación de la realidad aguda y lúcida. Americanah resultó, así, en un estudio esencial de lo que (nosotros sólo podemos intuir) significa ser mujer y africana en el mundo occidental. Y, casi tan importante, en un libro ingenioso, divertidísimo y atiborrado de sabiduría literaria. Desulmbrante.

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