Era un cadáver un poco sospechoso. Un Bernie con una sonrisa desencajada que se resistía a morir tras los tres discos prometidos en un principio, aquel inicialmente previsto “tres álbumes y me retiro” de James Murphy. Un presunto fiambre que iba por ahí dando conciertos, haciendo actuaciones televisivas, publicando discos en directo e incluso, al final, publicando material nuevo. “Call the Police” y su “otra cara A” “American Dream” certificaban que  Murphy aún no había terminado con sus LCD Soundsystem y servía el maxi como preludio de este sonado retorno, cuarto álbum de los neoyorkinos que han durado muertos menos tiempo que un personaje de Marvel. Y nos sienta mejor a todos así, la verdad. Un mundo con LCD Soundsystem es un mundo mejor, por lo menos mientras Murphy no ceda en exceso a sus crisis de los 40 -o por lo menos sepa sublimarlas bien- y consiga hacer pivotar sus discos sobre el sentimiento de la juerga, sobre la bajona resacosa, sobre la euforia y la melancolía de un pasado glorioso.

Es el caso. American Dream no reinventa la rueda, pero le coloca un neumático nuevo que asegura mayor velocidad, distancia, comodidad y suavidad. Vamos, que esto no es nuevo, pero suena tan bien, o mejor, que nunca: el zapeo entre el pop sintético (“Tonite”) y el electrificado punk (“Emotional Haircut”), entre la épica post-punk febril partecaderas (“Other Voices”) y el baladón límite (“American Dream”) funciona con una fluidez asombrosa. Si el show se abre con una de sus baladas sintéticas semilisérgicas (“Oh Baby”), la citada “Other Voices” ya se entrega al síncope polirrítmico y al delirio percutivo habitual de los mejores herederos de Talking Heads mientras recuerda a una “Us v Them” en ácido. Ácido que se prolonga en la nocturna “I Used To”. Tripleta de apertura de un viaje lleno de subidas y bajadas que acabará planeando con los taciturnos doce minutos finales de “Black Screen”. Por el camino “How Do You Sleep” parte de la oscuridad para terminar tomando el relevo a “Losing My Edge” y llevándolo hasta un terreno de entrega emocional superior. Y el sonido y el pulso de “Call the Police” retoma las cosas allá donde quedaron con “All My Friends”. Apostando en conjunto por, como decía, el puro refinamiento de la fórmula. Y por un acercamiento, en lo lírico, a los temas habituales y a una cierta imaginería del sueño y la noche, a despertar sin saber dónde está uno, a soñar una realidad que quizá no es la auténtica. Letras de bajona en una América de Trump que ya admite pocas llamadas a la frivolidad. Versos sobre amor, soledad, amistad, cosas que quedaron atrás e hipocresía, en un mar de guitarras encendidas, de sintetizadores gomosos, de baterías marciales de teclados sicodélicos.
Y claro, así sí podemos mantener la esperanza: Murphy dice abrir otra era con American Dream. Y si bien las cosas no pintan muy distintas, nuestra emoción por lo que tenemos y lo que vendrá sigue ahí arriba.