“Death Is Real”. Estas tres palabras abren A Crow Looked at Me, el álbum que empaquetaba Phil Elverum en 2017 bajo el alias Mount Eerie y con el que nos dejaba absolutamente demolidos (ya dimos cuenta del asunto en su momento, e incluso lo elegimos como mejor disco de su año). La muerte preside todo el disco desde ese momento y hasta que se cierra. Más concretamente la de Geneviève Castrée, dibujante, músico y esposa del autor, que había fallecido unos meses antes. A ella le dedica este disco que podría sanar, pero a ratos hurga más en el dolor: las otras tres palabras con las que cierra este inicial “Real Death” son I Love You. Una obra con la que Elverum evita hundirse en la miseria para lograr un compendio de temas de un lirismo desarmante, crudos, directos y sinceros.

El mood, pues, es bajo. Melancólico, cristalinamente trágico, sin melodramas ni pirotecnia emocional. La instrumentación discreta (que no sencilla) y minimalista: la guitarra acústica es el común denominador, y a menudo se acompaña de eléctrica, piano e incluso algún suavísimo arreglo electrónico. El tono en la voz de Elverum se arrastra melancólico, en una dignidad apesadumbrada, sin ceder ni en una sola nota al drama de autocompadecimiento, sonando en ocasiones a un Leonard Cohen menos críptico y, a pesar de todo, algo más luminoso.

El músico intenta asimilar su (por entonces) nuevo estatus y echa la mirada a los huecos que quedan en los temas más cotidianos: la nueva vida como padre en solitario, las rutinas domésticas y sociales o la educación de su hija. Pero especialmente intenta afrontar el presente lidiando con el pasado, gestionando sus recuerdos, enfrentándose a las huellas que la muerte ha dejado en su día a día, enfocando cara a cara su relación con la fallecida, desde que se conocieron hasta que se fue. Asumiendo ese sentimiento terrible que se genera cada vez que se hace algo por primera vez en solitario: la última vez que llovió aquí tú aún estabas viva, se lamenta en “Forest Fire”. Demoledor, infinitamente doloroso y, esperemos, también terapéutico.

Un año después de A Crow Looked at Me, y no quisiera sonar frívolo, Los Hermanos Cubero publicaban un Quique dibuja la tristeza surgido de una similar motivación creativa y que resultó ser uno de los discos más bellos y tristes publicados recientemente en este país. Ambos podrían componer un cuadro trágico, sí, pero también liberador, entorno a la pérdida del ser querido.

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