Contiene el debut de Gabriel Ripstein suficientes elementos como para retener su nombre más allá de su ilustre apellido. Por lo menos durante un tiempo prudencial. No sea que de pronto todo lo que apunta 600 millas tome cuerpo, se solidifique y se confirme que estamos ante un autor con cosas interesantes que contar y formas muy efectivas para hacerlo. Porque por ahí va esta su puesta de largo. No es una película impecable, por supuesto. Su guión (también firmado por el propio Ripstein, a cuatro manos con Issa López) no resulta cien por cien infalible y su cierto modismo formal puede echar para atrás en algunos momentos críticos. Pero en general su cuidado por los personajes, su interesante enfoque del género y su manejo del ritmo y la tensión en la puesta en escena son casi impecables. 600 millas se centra en la relación un tanto truculenta que se establece entre un pobre chaval mexicano que se dedica a colar armas estadounidenses en su país y un carrasposo agente de la agencia del control de armas y tabaco norteamericana. Su periplo se inicia de manera accidentada, pero pronto se embarcarán en una suerte de road movie silenciosa con visos de thriller fronterizo. Lo interesante es que con un material tan a priori inflamable Ripstein construye un drama de personajes oscuro y tenso donde la violencia está muy presente pero raramente se muestra de manera abierta. Al contrario, la película está construida en base a diálogos secos y largos silencios que enrarecen la atmósfera sostenida en planos estáticos y dilatados. Eso sí, cuando la violencia explícita hace acto de presencia, resulta contundente y autoritaria. Pero ni siquiera en esos momentos el realizador traiciona sus postulados escénicos. Todo lo contrario, cuando el drama se crispa la violencia se apoya en trabajadísimas composiciones de plano y en una coreografía de cámara perfecta. Todo ello para vehicular una historia donde, como decía, lo importante son los personajes y la relación que entablan los dos protagonistas, interesantes, con aristas, alejados de estereotipos y maravillosamente interpretados. Especialmente por un Tim Roth que últimamente -en Chronic está soberbio- está volviendo a hacer números para convertirse en uno de los actores más interesantes del planeta.