Adelantándose a algo para lo que aún había margen que ocurriera, Justin Vernon, aka Bon Iver, se ha practicado un profundo autolavado de cara. Con dos (celebrados) álbumes en la calle, el de Wisconsin podía haber estirado un poquito más el chicle y haber convencido holgadamente con una tercera referencia continuista, aún ligada a aquella escena neofolk de la que él fue cabeza de cartel. Pero no. Parece que sus colaboraciones ajenas aquí y allá no se han quedado en felices regalos a terceros (Kanye West) en forma de excitantes texturas musicales y el tipo ha asumido para si una decisiva apertura estilística. Así las cosas, 22, A Million escapa de entrada del concepto de disco de folk tradicional para dispararse en cientos de direcciones distintas, a pesar de, al final, ofrecer un resultado familiar y reconfortante. Vernon ha tomado un camino distinto para llegar a un destino conocido. Ha parido un disco de folk abstracto lleno de quiebros, vestido con programaciones, montañas de autotune, samples y otras prótesis sonoras que dan riqueza, pero que no pretenden enmascarar un vacío. Todo lo contrario. Vernon emprende un aparente proceso de abstracción sonora que comienza ya desde la portada y se prolonga en el título de las canciones (declaraciones de intenciones tan ensimismados como “10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄”, “22 (OVER S∞∞N)” o “____45_____ “) pero que en realidad esconde una emoción muy tangible. El músico sigue exhibiendo una puntería melódica que apunta a una emoción desbordante (“00000 Million”) y articula un discurso delicado y lleno de matices que lo llevan hacia esos terrenos folk, pero que también lo colocan cerca de una suerte de R’n’B muy personal en “8 (circle)”. Construye ambientes y estados de ánimo y conduce a un delirio emocional marcado por las percusiones marciales y los vientos tratados de “10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄”, por la solemne austeridad autotuneada de “715 – CRΣΣKS” y los apuntes de folk glacial de “29 #Strafford APTS”. Un paso adelnate hacia una nueva madurez que se anticipa excitante e imprevisible.