Se acerca al ámbito barcelonés otra cita ineludible dentro del panorama cultural nacional. Especialmente inevitable, llamadnos perogrullos, para los amantes del cómic. Lo más parecido que tenemos, por el momento, a Angoulème es nuestro propio Saló Internacional del Còmic, que en el presente año se celebra este mismo fin de semana, entre el 5 y el 8 de mayo. Y es obvio que la cosa supone locurón generalizado. En todos los sentidos. Esto es un escaparate freak para los medios de comunicación generalistas. Una oportunidad comercial potentísima para las grandes editoriales. Un lugar de crecimiento personal para los ávidos de conferencias iluminadoras y exposiciones reveladoras. Y un cofre de insospechados tesoros impresos en celulosa para los puretas que gustan de ir revisando cajas de cartón raído en busca de números curiosos, incunables comiqueros y ejemplares extraños. Pero, especialmente, lo que es el Saló es un maldito estrés de novedades editoriales que llegan en una avalancha capaz de engullir al aficionado casual más despistado. ¿Solución? Realmente ninguna, a menos que uno sea espléndido en ceros en su cuenta corriente y tenga algo así como todo el tiempo del mundo para dedicarlo a la lectura. Pero como sabemos que no es el caso, hemos tenido a bien elaborar una pequeña selección salonera. Una mano novedades tebeísticas que nosotros no vamos a querernos perder por nada del mundo. Diez caballos ganadores en los que apostar si se tiene el presupuesto limitado y, también hay que decir, las miras amplias: aquí hay un poco de todo y para todos los gustos. Por ejemplo:

chiisakobeChiisakobe, de Minetarô Mochizuki (ECC)
Deberemos quitarnos de la cabeza nuestras antiguas aventuras al lado de Mochizuki. Dragon Head (que empezó muy bien y terminó muy meh) se encuadraba en una suerte de ciencia-ficción survival postapocalíptica, mientras que La mujer de la habitación oscura era una macabra historia de terror malrollero y Maiwai era algo así como, bueno, no sé, pero habían tiburones y piratas. Pero oh, ahora el nipón regresa acompañado de Chiisakobe y con ella se mete a la crítica y al público en el bolsillo mediante una historia que parece ser un drama costumbrista puro y duro. Curiosidad que se traducirá, segurísimo, en interés.

Crónicas de la era glacial, volumen 1, de Jiro Taniguchi (Planeta)
Versátil y siempre audaz, de Taniguchi siempre recordaremos en realidad su vena humanista, aquella que plasmó en obras tan trascendentales como El almanaque de mi padre o Barrio lejano. Pero hay que hacer justicia: como decimos, el autor de El olmo del Cáucaso también ha sabido desenvolverse como un maestro en otros géneros, como la aventura más pura, el negro o, como en este caso, la ciencia-ficción. Una recuperación de los años ochenta que se antoja cuanto menos necesaria.

122-8_cuadernos_japoneses_website_0Cuadernos japoneses, de Igort (Salamandra)
El italiano Igort quedó fascinado con Japón, con su cultura, su gente y sus contradicciones. Y, claro, plasmó todas sus impresiones en un libro que, a tenor de lo imponente de su anterior propuesta leída por aquí (Cuadernos rusos), combinará rigor documental con placer estético en una indagación histórica y sociocultural que se prevé apasionante. Y no esperamos un tebeo convencional, ni un documento ficcionado más o menos previsible. Al contrario, lo que le pedimos a Cuadernos japoneses, e intuyo que va a cumplir, es esa sensibilidad tan propia del autor y esa capacidad radiográfica tan alejada de estereotipos y simplismos que nos ofrecerán, si todo va bien, una visión lúcida y fresca de (aquí sí me permito el tópico) El País del Sol Naciente.

Daredevil: Born Again, de Frank Miller y David Mazzucchelli (Panini)
La idea central de esta lista era obviar reediciones, centrarnos sólo en material fresco de verdad y contar con que todos tenemos Internet al alcance de la mano y un medio de transporte cerca para informarnos y desplazarnos hasta una tienda a adquirir lo que se supone que ya deberíamos tener alimentando nuestras librerías. Pero es que esto merece la pena de verdad. Y supongo que sobrarán las palabras. La joya de la corona de la etapa de Frank Miller al frente de la cabecera del cuernecitos. El escritor rescataba en los ochenta una serie un tanto moribunda en La Casa de las Ideas y le insuflaba vida, muerte, drama, tragedia, fuerza y potencia para construir una auténtica catedral del género superheroico. Imprescindible etapa que reúne Panini en un práctico tomo de los de colocar en la estantería no con el lomo sino con la portada para afuera.

01203456001_gEl ala rota, de Antonio Altarriba y Kim (Norma)
La última reunión oficial de Antonio Altarriba y Kim no sólo dio pie a un álbum memorable, sino también a uno de los consensos más inquebrantables del tebeo patrio de los últimos años: El arte de volar acumulaba premios y se alzaba con el Premio Nacional del Cómic en 2010. No era para menos, así que tampoco lo son las ganas con las que esperamos esta nueva obra que se prevé, desde ya, como uno de los títulos más irrenunciables del año.

El dios Rata, de Richard Corben (Planeta)
Richard Corben ya es un venerable, y como tal hay que seguirle la corriente siempre. Haga lo que haga. Especialmente si trata el género que le dio la popularidad -el terror- y lo hace con el vigor visual y la perversidad narrativa que lo caracteriza. El dios Rata es una nueva vuelta de tuerca a esos mundos a los que siempre se ha sentido tan ligado, los de Lovecraft, Poe y, en cierta medida, Conan Doyle. Una historia que se prevé perturbadora y que gira entorno a cultos extraños, mitología india (a nativos americanos me refiero) y un amor eterno. Y vamos, si consigue electrizarnos y erizarnos el vello de la nuca la mitad de lo que lograba en sus mejores épocas el éxito está más que asegurado.

lutherarkwrightLas aventuras de Luther Arkwright. Integral, de Bryan Talbot (Astiberri)
Vale, quizá no es propiamente una “novedad del Saló”, ya que esto lleva abril como fecha de publicación. Pero cuando lo encontréis en el stand de Astiberri llevará pocos días en la calle… y no debéis dudar en comprarlo: esto es una de las novelas gráficas británicas más prestigiosas de la historia, una locura de ciencia ficción que, según se dice, Alan Moore considera como una de sus mayores influencias. Publicado a finales de los 80 Luther Arkwright se convirtió en un referente absoluto dentro del género gracias a sus historias complejas y a un dibujo obsesivamente detallista de cuidada planificación. Todo un lujo poder disfrutar esto del tirón y en castellano.

Paletos cabrones, de Jason Aaron y Jason Latour (Planeta)
Hablamos hace un par de días de esto, lo nuevo de Jason Aaron. Abrasiva serie para Image que vuelve a sublimar la esencia del neonoir en ambientes rurales de la América profunda. Invitamos a la lectura del artículo en cuestión, claro.

Presas fáciles, de Miguelanxo Prado (Norma)
Hay quien sostiene que Miguelanxo Prado es el mejor dibujante que tenemos hoy día en este país. Tal afirmación quizá es un poco temeraria y bastante imprecisa, pero no hay duda que todos los álbumes de este imprescindible coruñés son un prodigio de narrativa, puesta en escena e inventiva visual. Y da igual el género y el tono (por Stratos, Papeles dispersos, Quotidianía delirante, Trazo de tiza o La mansión de los Pampín ha pasado de todo), y que aquí aborde dos temas tan necesarios y oportunos como son la corrupción política y los desahucios. Sabemos que el resultado será magnífico, precioso y una lección maestra de arte secuenciado.

promethea_vol1Promethea, libro 1, de Alan Moore y J.H.Williams III (ECC)
¿Qué es mejor, Watchmen, V de Vendetta o From Hell? No, Promethea. Si no la mejor de las obras de Moore (vale, quitarle el trono a Watchmen es un poco osado) Promethea sí es la historia que mejor condensa su propia cosmogonía y la eleva hasta cotas de perfección y sensualidad alucinantes. Esto es un festival de conceptos místicos y esotéricos, ciencia-ficción, mitología y, ante todo, genio narrativo. Las volteretas metalingüísticas y la profusión de conceptos e ideas brillantes que se encadenan en Promethea le dejan a uno con el cerebro dando vueltas (en el buen sentido) y el perfeccionismo y detallismo gráfico de un J.H. Williams III en estado de gracia redondean el resultado para un cómic excepcional que se recupera ahora (por fin) en su totalidad.